Página de Inicio Presione para escuchar Radio Sol 92.1fm


TODOS HEMOS PECADO Para el 24 de julio de 2010
Estudio para este trimestre: LA REDENCIÓN EN ROMANOS
*Se sugiere que se estudie la lección con la Biblia

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 Jueves Julio 15

FE Y OBRAS

"Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28). ¿Significa que no se requiere que obedezcamos la ley, aun si ella no nos salva? Explica tu respuesta.

En el contexto histórico, Pablo hablaba en Romanos 3:28 de la ley en su sentido amplio: el sistema judaico. No importa cuán a conciencia un judío tratara de vivir bajo ese sistema, si no aceptaba a Jesús como el Mesías, no sería justificado.
Pablo afirma que la ley de la fe excluye la jactancia (Rom. 3:27). Si un hombre fuera justificado por sus propios actos, podría jactarse de ello. Pero como es justificado por fe en Jesús, es claro que el crédito pertenece a Dios, quien justifica al pecador.
“¿Qué es la justificación por la fe?” Elena de White responde: “Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que éste no puede hacer por sí mismo” (TM 456). Las obras de la ley no pueden expiar los pecados. La justificación no puede ser ganada. Se recibe solo por fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Por lo tanto, las obras de la ley no tienen nada que hacer con la justificación. Ser justificado sin obras significa ser justificado sin que tengamos nada que merezca la justificación.
Pero muchos cristianos han entendido y aplicado mal este texto. Dicen que todo lo que uno tiene que hacer es creer, y minimizan las obras o la obediencia a la ley moral. En esto entienden muy mal a Pablo. En Romanos, y en otras partes, Pablo asigna gran importancia a la observancia de la ley moral. Jesús, Santiago y Juan también lo hicieron (Mat. 19:17; Rom. 2:13; Sant. 2:10, 11; Apoc. 14:12). Pablo destaca que, aunque la obediencia a la ley no es el medio para justificarnos, quien es justificado por fe guarda la ley de Dios y, de hecho, es el único que puede guardar la ley. Una persona que no ha sido justificada nunca puede cumplir los requerimientos de la ley.

¿Por qué es tan fácil pensar que, por cuanto la ley no nos salva, no necesitamos guardarla? ¿Has racionalizado alguna vez el pecado al pedir la justificación por la fe? ¿Por qué esa es una posición muy peligrosa? ¿Dónde estaríamos sin la promesa de la salvación, aun cuando estemos tentados a abusar de ella?




COMENTARIO DE EGW:
Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben especialmente guardarse. El primero, sobre el que ya se ha insistido, es el de fijarse en sus propias obras, confiando en alguna cosa que puedan hacer, para ponerse en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos por guardar la ley, está procurando una imposibilidad. Todo lo que el hombre puede hacer sin Cristo está contaminado de amor propio y pecado. Solamente la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.

El error opuesto y no menos peligroso es que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios; que puesto que solamente por la fe somos hechos participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.

Pero nótese aquí que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. Si nuestros corazones son regenerados a la semejanza de Dios, si el amor divino es implantado en el corazón, ¿no se manifestará la ley de Dios en la vida? Cuando es implantado el principio del amor en el corazón, cuando el hombre es renovado conforme a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: "Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré" (Hebreos 10:16). Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia, es decir, el servicio y la lealtad de amor, es la verdadera prueba del discipulado. Siendo así, la Escritura dice: "Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos" "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y no hay verdad en él" (1 Juan 5:3; 2:4) En vez de que la fe exima al hombre de la obediencia, es la fe, y solo ella, la que lo hace participante de la gracia de Cristo y lo capacita para obedecerlo (El camino a Cristo, pp. 59, 60).

Dios exige en este tiempo precisamente lo que demandó de la santa pareja en el Edén: perfecta obediencia a sus mandatos. Su ley permanece inmutable en todos los siglos. La gran norma de justicia presentada en el Antiguo Testamento no es rebajada en el Nuevo Testamento. La obra del evangelio no es debilitar las exigencias de la santa ley de Dios, sino elevar a los hombres hasta el punto donde puedan guardar sus preceptos.

La fe en Cristo que salva el alma no es lo que presentan muchos. "Cree, cree –es su clamor– solamente cree en Cristo y serás salvo. Eso es todo lo que tienes que hacer". La verdadera fe confía plenamente en Cristo para la salvación, pero al mismo tiempo inducirá a una perfecta conformidad con la ley de Dios. La fe se manifiesta mediante las obras. Y el apóstol Juan declara: "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso"

El enemigo siempre ha trabajado para desunir la ley y el evangelio; pero ellos van tomados de la mano (Comentario bíblico adventista, pp. 1072, 1073).




Estudio para este trimestre: LA REDENCIÓN EN ROMANOS
TODOS HEMOS PECADO

Oprima Aquí

¡PRONTO!...estará la tienda disponible.

Libros, Música, Biblia, etc...

Pronto podrás comprar tus artículos favoritos directamente desde nuestra página.






Inicio | Nuestras Creencias | Nuestra Historia | Dir. de Iglesias | Dir. Academias | Dir. Pastores | Departamentos | Calendario | Enlaces



© 2003, Asociación Adventista del Este de Puerto Rico